El Buen Fin, La Mala Privacidad

Para la mayoría de las personas tal vez, este fin de semana largo estuvo lleno de compras y las correspondientes deudas por cargos a las tarjetas de crédito. Muchas quejas se publicaron y compartieron en twitter y facebook: que si los descuentos eran muy “bajitos”, que no muchos productos tenían descuento o que si lo único que sobraba por todas partes eran los famosos “meses sin intereses”. Otros todavía más osados llegaron a comparar “el buen fin” con el “Black Friday” americano o el “Unboxing” canadiense.

 

“El Buen Fin” fue promovido ampliamente en todos los medios masivos como “el fin de semana más barato del año”. En su página web textualmente dice: “El Buen Fin busca reactivar la economía fomentando el consumo, pero sobre todo mejorar la calidad de vida de todas las familias mexicanas. Le llamamos el Buen Fin, no sólo por ser un fin de semana de descuentos espectaculares, sino también porque al hacerlo perseguimos un buen fin: queremos usar el poder del consumo para reactivar nuestra economía al mismo tiempo que tú, como consumidor te beneficias comprando todo lo que siempre estás postergando con los mejores precios del año. Esta vez la iniciativa privada, el gobierno federal y los medios de comunicación se solidarizan contigo. ¡Aprovecha el Buen Fin!”

 

Lo cierto es que “el buen fin” casi coincidió misteriosamente con la fecha del “Día de Acción de Gracias” que celebran tanto en Estados Unidos como en Canadá, que tiene su clímax comercial en el llamado “Black Friday”, que ocurre precisamente el próximo viernes. Desconozco si el haber elegido esta fecha haya sido para buscar asociarlo con la idea de los “ofertones” que tienen los americanos el próximo fin de semana, o solamente para aprovechar el puente revolucionario.

 

A pesar de las amargadas quejas de twitteros y facebookeros, las tiendas lucían a reventar este fin de semana. Mucha gente dándole rienda suelta a las tarjetas de crédito, comprando ropa y artículos electrónicos principalmente.

 

Durante una visita a un popular centro comercial del sur de la Ciudad de México, me tocó presenciar varias “solicitudes de información” a todo aquel que pasara cerca del changarrito, kiosko o stand donde se encontrara el “levantador de datos”. Que si para obtener una tarjeta de crédito, una tarjeta de descuentos, entrar a un sorteo o lo que fuere, el pretexto era lo de menos, el objetivo era simple: obtener tanta información del cliente como fuera posible.

 

Me sorprendieron tres cosas de este hecho, las tres igualmente preocupantes y alarmantes: (1) la facilidad con la que la gente proporciona sus datos a cualquiera, sin tomar ninguna precaución; (2) la cantidad de personas que entregan sus datos; y (3) ninguna de las empresas recolectoras de información cumplen con la actual Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de Particulares.

 

Toda empresa que recabe datos personales debe proporcionar el Aviso de Privacidad que marca la ley, el cual deberá contener la siguiente información:

 

I.       La identidad y domicilio del responsable que los recaba;

II.      Las finalidades del tratamiento de datos;

III.     Las opciones y medios que el responsable ofrezca a los titulares para limitar el uso o divulgación de los datos;

IV.     Los medios para ejercer los derechos de acceso, rectificación, cancelación u oposición, de conformidad con lo dispuesto en la Ley;

V.       En su caso, las transferencias de datos que se efectúen, y

VI.     El procedimiento y medio por el cual el responsable comunicará a los titulares de cambios al aviso de privacidad, de conformidad con lo previsto en la Ley.

 

Es importante mencionar que el aviso de privacidad debe ponerse a disposición de los titulares a través de formatos impresos, digitales, visuales, sonoros o cualquier otra tecnología. En pocas palabras, la ley aplica parejo, tanto en medios físicos (impresos), como sonoros (telemarketing) y electrónicos (internet).

 

Quien incumpla con esta obligación, puede hacerse acreedor a una multa de $5,982 a $9,571,200 pesos (100 a160,000 días de salario mínimo vigente en el Distrito Federal), sanciones que pueden duplicarse si existen infracciones reiteradas a la ley.

 

No permitamos que “un buen fin” se convierta en “una mala privacidad”. Busquemos que las empresas cumplan con la ley, pues llevan decenas de años haciendo de las suyas con nuestros datos personales sin que nadie haga nada al respecto. Es momento de valorar algo que es nuestro y debe ser tratado con suma precaución en cumplimiento de la ley, nuestros datos personales.

 

Publicado originalmente en: http://www.empresasydinero.com/el-buen-fin-la-mala-privacidad/

 

Image: renjith krishnan / FreeDigitalPhotos.net